Estoy encima de las escaleras, charlando con una vieja mujer. Tengo a mi perra. O la tenía, pues hace un momento ha bajada esos angostos escalones, tras lo cual ha dicho la vieja “Ha ido a ver a los otros, como le gusta”. Antes de eso, la anciana ya había charlado. “Está como siempre”. La señora tenía un aspecto horripilante, con ropas sucias y grises, el pelo lacio, grasiento, y canoso. Parecía tener su cabello tan guarro como los dientes. Tras esto, noté el frio, y supe que algo no iba bien.

Parálisis del sueño




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