La famosa Proyección de Mercator con la que ilustramos millones de libros de enseñanza, es en realidad una idealización que muchos terminan por creerse a pies juntillas. Imagina que la Tierra es un globo elástico (y desinchado) como los que usan tus niños para jugar. Imagina ahora que introducimos ese globo en un cilindro rígido al tiempo que empezamos a soplar. Obviamente el globo adquirirá la forma del cilindro. Imagina de nuevo que podemos ahora partir ese globo cilíndrico y estirar su “pellejo” rectangular sin que su forma varíe. Lo que obtenemos es un mapa en el que los polos desaparecen y en el que Groenlandia tiene un tamaño similar al de África a pesar de ser en realidad 14 veces más pequeña. Ese es el estándar que usamos para representar en dos dimensiones a ese cuerpo 3D que es nuestro planeta.

La imagen me ha recordado de nuevo el “engaño”, al que la fuerza de la costumbre convierte casi en una mentira asumida. En efecto, la superficie de todos los círculos que aparecen en la imagen es equivalente. Como véis, cuanto más cerca de los polos miramos más grande es la distorsión, así que lo dicho: no os creáis a pies juntillas los mapas. La limitación que supone usar superficies planas para el intercambio de información (nuestros libros y pantallas) nos trae estos efectos secundarios.

Pero esto lo suplimos con la perspectiva de Peters.

El problema de los mapas es cómo representar de forma fidedigna la superficie de una esfera sobre una superficie cuadrada bidimensional. Para esto no existen soluciones mágicas ni formas “correctas” de hacerlo, sino únicamente aproximaciones.
Una proyección que refleja correctamente las áreas de los países es la proyección Gall-Peters, que nos da una imagen de como es realmente el mundo según su extensión.

Actualmente la proyección más usada no es esta, sino la proyección Mercator. Esta proyección presenta una buena exactitud en su zona central, pero las zonas superior e inferior correspondientes a norte y sur presentan grandes deformaciones.
Los mapas en proyección Mercator se utilizaron en la época colonial con gran éxito. Al ser Europa la potencia dominante que viajaba hacia el nuevo mundo por la zona central, no se comprobó la deformación que sufrían estos mapas en altas latitudes y este tipo de mapas alcanzó gran éxito. Posteriormente en la época de las exploraciones de Scott por el polo se comprobó que en dichas latitudes el mapa era casi inútil.

Para mostrar la deformación que la proyección Mercator ofrece vamos a comparar áreas de varias zonas de la tierra, mostrándolas sombreadas en un mapa:


Europa 10.530.751 km² – América del sur 17.870.218 km²

Antigua URSS 22.402.200 km² – África 30.272.922 km²

Groenlandia 2.166.086 km² – África 30.272.922 km²

La proyección cartográfica es una visión artificial, está basada en ecuaciones, se crea con propósitos específicos y sobre todo, es una creación humana y por tanto expuesta a las circunstancias propias de sus creadores en un momento dado de la historia.