Egipcios, griegos y más tarde en el Renacimiento, los artistas y filósofos, en un intento por comprender la belleza del Universo, procuraron encontrar los cánones de las perfectas proporciones: medir y convertir en números el sutil equilibrio entre las partes y el todo. Pitágoras entendía la armonía como la unidad de las diversidades y la integración de las diferencias.
El ideal clásico de la belleza era el hombre inmutable y perfecto que existía implícitamente en la especie humana. La belleza era identificada con el placer producido por la contemplación de esas primeras formas eternas, más fruto del intelecto que de los sentidos. Así, la altura del hombre ideal es de 8 cabezas para Leonardo, o de 7 para Durero.
El centro corporal es el ombligo, que divide al cuerpo en dos partes cuya relación también cumple la regla de la Divina Proporción. El rostro puede ser dividido en tres partes iguales, superior, media e inferior, correspondiéndose con la frente, la nariz y la boca. La oreja tiene la misma inclinación que la nariz y al mismo tiempo, oreja y nariz tienen la misma longitud que el dedo pulgar. El espacio comprendido entre los dos ojos equivale al tamaño del ojo, que a su vez, se corresponde con el tamaño de la base de la nariz.

La aplicación rigurosa de cánones o medidas académicas repercutió de manera negativa en el arte, pues hizo que sólo fueran consideradas como bellas y perfectas las obras que se acomodaban a este esquema prefijado por los predecesores.

Semejante manera de conducir la estética debía llevar necesariamente a la teoría de la imitación, y con ella, al culto de lo estereotipado, de las frases hechas, de las creaciones según regla fija, del arte de receta, tanto en la literatura como en las artes plásticas.

La estética, por lo tanto, no es la ciencia de lo bello, ni tiene por objeto definir el ideal que a través de los siglos lleva la humanidad consigo; la estética no tiene más misión que la de reconocer la unidad de éste ideal, la de enseñar que este ideal no es más que una abstracción de la vida misma.

De estas observaciones deduce la estética un determinado número de principios, que no son reglas, sino fórmulas concretas de un ideal siempre presente pero jamás realizado de un modo definitivo. Tal es, al menos, la estética moderna.

El cuerpo humano, como el de todos los vertebrados, posee una simetría bilateral característica (simetría axial o vertical), que consiste en que una parte del cuerpo se corresponde con la contralateral, es decir, que la parte izquierda del cuerpo es semejante a la derecha.

Pero esta simetría no es completa puesto que presenta órganos asimétricos, como el corazón o el hígado e, incluso entre las partes correspondientes, como las manos o los dos lados del rostro, no existe una simetría perfecta.

Esto es particularmente evidente si dividimos una fotografía de un rostro en dos mitades con una línea vertical. Al repetir cada una de las mitades de manera especular y juntarlas podremos comprobar que el nuevo rostro formado por la unión de las mitades del lado izquierdo se parece poco o muy poco al formado por la repetición de los dos lados derechos.

De la misma manera existe un lado predominante, normalmente el derecho (el izquierdo en zurdos), que es de mayor tamaño que el no dominante, detalle fácilmente comprobable si ponemos juntas nuestras propias manos y comparamos sus tamaños.

Biología de la belleza

La simetría y las proporciones nos trasmiten los ritmos del crecimiento y desarrollo de la naturaleza. En la naturaleza los animales escogen a su pareja por las características físicas, que van unidas a la habilidad de engendrar o de cuidar a las crías, y en el ser humano – indudablemente más complejo – a estos signos se añaden otros factores psicosociales.

No obstante, entre los rasgos físicos que determinan la elección y una característica que todos los humanos – independientemente del sexo o la edad – valoran a la hora de juzgar el atractivo de una persona es la simetría. Esta tiene relación con la belleza física y, según estudios recientes, con el atractivo físico y con la salud.

Nuestro cerebro está capacitado para detectar y considerar sexualmente atractivos aquellos estímulos corporales que son indicadores de un mayor potencial reproductor. Nuestros circuitos neuronales son el resultado de un proceso evolutivo, han sido diseñados por la selección natural para resolver los problemas a los que los humanos se han enfrentado a lo largo de su historia: encontrar pareja, conseguir alimento (cazando y recolectando), buscar aliados, defenderse de los enemigos, criar a los hijos, etc. Al parecer, la simetría corporal es un indicador de un buen sistema inmunológico, lo que reduce notablemente el riesgo de que el potencial padre caiga enfermo.

La asimetría

Si bien podemos considerar que cierto grado de asimetría es normal -tanto en el cuerpo como en el rostro- existen casos de verdaderas asimetrías las cuales, en determinadas ocasiones, son causa de importantes trastornos.

La asimetría facial leve es absolutamente normal y es normal tener un lado de la cara mayor que el otro, tanto a lo ancho como en lo alto, tener una ceja más alta, un párpado más bajo, la nariz o los labios algo desviados, etc. Estas asimetrías se deben a diferencias en el crecimiento de las estructuras óseas de cada lado y, en ocasiones, a la mayor o menor expresividad de cada lado de la cara.

Aunque pocas veces el grado de asimetría es tan importante que precise tratamiento, en raras ocasiones puede ser necesario recurrir a la cirugía cráneo-maxilo-facial y, más frecuentemente, podemos obtener una simetría adecuada mediante la utilización de prótesis faciales sólidas o en hidrogel (Bio-Alcamid).
La asimetría en la posición de las cejas puede ser corregida mediante un lifting endoscópico unilateral.

Las asimetrías corporales de poca intensidad también son normales. Las diferencias de tamaño de las dos partes del cuerpo suelen ser leves y únicamente provocan alteraciones aquellas que tienen una importancia considerable.
Una de las causas más serias de alteración del esquema corporal de las jóvenes es la asimetría de los senos (asimetría mamaria) que puede alcanzar grados tan severos como para que su corrección precise una reducción de una mama y la colocación de una prótesis en la otra.

De la misma manera, la colocación de prótesis de diferente tamaño puede compensar las asimetrías de volumen de los pechos, glúteos o gemelos.
Finalmente, la lipoescultura y los injertos de grasa son muy útiles para igualar ambos lados del cuerpo.

JESSICA ALBA, LAS PROPORCIONES PERFECTAS

Investigadores británicos descubrieron que la actriz tiene la mejor relación de medidas cintura-cadera, lo que es considerado como un gran atractivo sexual.

Por si a alguien le quedaba alguna duda, científicos británicos han venido a confirmar, con pruebas matemáticas, lo que parecía evidente: la actriz hispana Jessica Alba tiene unas proporciones perfectas.

Investigadores de la Universidad de Cambridge han elaborado una fórmula matemática para medir el atractivo sexual femenino y sus posibilidades de contonearse sensualmente, que se basa en la proporción entre la anchura de la cintura y de las caderas.

Y han descubierto que la mejor relación cintura-caderas es un 0.7, que es precisamente la que tiene la protagonista de Los cuatro fantásticos.

Es esa proporción la responsable de que las curvas de la actriz resulten tan sensuales y de que Alba, de 26 años, menee sus caderas de esa forma tan sexy, según el estudio, del que se hace eco la prensa británica.

Casi perfecta, siempre según esa fórmula, era la actriz Marilyn Monroe, que tenía una proporción de un 0.69, mientras que la modelo británica Kate Moss cuenta con un 0.67, que tan útil le ha resultado sobre la pasarela.

Curiosamente, Moss tiene la misma proporción que la actriz estadounidense Eva Longoria, de origen hispano al igual que la californiana Jessica Alba.

Otra de las guapas oficiales, la actriz Angelina Jolie, tiene una proporción de un 0.75.